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Jorge Camarena

La naturaleza y el universo están llenos de números que guardan lazos misteriosos entre sí. Duncan MacDougall lanzó su teoría de los 21 gramos –el peso del alma–, que ha sido replicada en la cultura popular, por ejemplo, en el drama cinematográfico de Alejandro González Iñárritu.

Para un par de extraordinarios músicos, una islandesa y un mexicano, la cifra mística es 23. “El corazón reposa sobre la cavidad del diafragma, pero el eje tiene 23 grados de inclinación como la tierra en relación a la orbita del sol. (…) El ojo muestra la misma posición e inclinación en relación al eje del mundo o a la orbita solar…”, se lee en Alquimia y Mística: El Museo Hermético, de Alexander Roob, texto que influyó en Signý Bergsdóttir y Cha Baeza.

23 Grados se lanza a hacer una gran apuesta por el folk-rock, un género con no muchos seguidores en México. Aún así, su química y espontaneidad procrearon un primer EP que atraerá a oídos y corazones sensibles.

 

Ustedes son una banda muy especial por el género y los integrantes –Cha, en la guitarra y Signý en la voz y el cello–. Me imagino que esto lo han destacado siempre que les hacen una entrevista.

 

Signý: Sí, bueno es que creo que nosotros lo vemos normal (ríe). Sí, el género es algo que simplemente nació; no fue decisión de hacer un género diferente, simplemente comenzamos a tocar e improvisar y salieron las canciones y salieron en ese género.

 

¿Me pueden contar un poco sobre el génesis de 23 Grados?

 

Cha: Yo conocí a Signý por el amigo de otro amigo, a quien le comenté “oye, estoy buscando a alguien que haga unas cuerdas para María Robot (el otro proyecto en el que Cha participa)” y me responde “ah, pues yo conozco a una chica que toca el cello. De hecho, van a tocar al rato. Vamos”. Órale. Entonces llegamos a este bar, donde estaba Signý con su banda Kanski. Me gustó mucho y cuando terminaron de tocar me le acerqué a Signý y le conté sobre el proyecto y pues nada. Me respondió, yo te contacto, tú no me contactes, casi-casi (ríen).

Ya después, ya juntos como banda, ella me comento al respecto, “pues es que llegaste sin una cerveza, guey” (ríen ambos).

Y bueno, ya después de unos cuantos meses –“Como dos”, interrumpe Signý– Me dijo: ya escuché el proyecto. Vamos a vernos.

Entonces ya estamos en el ensayo de María Robot, que se supone era ensayo exclusivo de la banda con Signý metiéndole cuerdas. Pero no, más bien fue un ensayo para los dos; nos la pasamos jammeando ella y yo. Y esos gueyes –el resto de la banda– se nos quedaban viendo así de “A ver a qué hora. Estamos pagando sala de ensayo”.

Signý: Y yo: “¡Mira se escucha bien padre!” (ríen ambos)

 

Entonces, ¿fue una química inmediata?

 

“Sí”, responden al unísono.

Signý: Sí, ya cuando empezamos con los instrumentos, sí. Hicimos un buen click.

 

Esto, ¿Alrededor de cuando fue?

 

Cha: Hace como dos años. De hecho, acabamos de cumplir dos años.

Y a partir de entonces empezamos a vernos continuamente. Y empezamos a hacer rolas. Bueno, no eran rolas como tal. Eran maquetas.

Signý: Eran pruebas de grabación, porque yo dije “quiero grabar”, entonces me compré mi interfase y le dije a Cha: bueno, Carlos, hay que grabarlo. Y pobre Carlos, aguantó. Aguantó, porque era “ya se atoró. Otra vez; repítelo”. y de ahí nacieron varias maquetas.

Cha: Que ya eventualmente algunas de éstas las jalamos para el EP. Muchas se quedaron fuera. Y también esta selección del EP, fue mas bien selección de los chicos del equipo de producción de 23 Grados.

Que es chistoso, porque nos dijeron “esta, esta, y esta”. Y nosotros: “Oye, pero esa ni siquiera es una rola”. Y ahora, el intro que viene en el EP era eso: una improvisación que teníamos y que la tuvimos que volver a sacar.

Fueron varias coincidencias, porque también los productores querían otra rola que se llamaba algo así como “eeprrrrr-eh” (ríe). Ya sabes, de esas veces que sólo manoteas el teclado, para que se guardara. Y nos dijeron que querían esa rola. Yo les dije “Naah, ps esa todavía ni siquiera está”. Al final, no se quedó, pero si se hubiera quedado, no hubiera durado 23 minutos el EP.

Las seis canciones, en total, duran 23 minutos.

Signý: Nos dimos cuenta ya cuando estábamos terminando de mezclar. Fue así de: “Chicos ¿Vieron? Acabamos el disco y son 23 minutos”. Y fue como que muy extraño; son muchas coincidencias.

Cha: Pero bueno, así nos conocimos. Y como Signý lo decía: no es de que nos hayamos puesto de acuerdo en un género; simplemente salió y creo que ese es ADN de la Banda. Es, vía improvisación, lo que sientes al momento. Se le hacen algunas cosillas, sale una letra, y eso es lo que queda.

 

¿Cuál es el camino inspiracional para llegar a ese proceso creativo, a este género?

 

Signý: La plática sobre lo que nos pasó en el día y, también, poemas. Fotos. Pero creo que también es mucho eso de sacar las emociones que tienes dentro. A lo mejor, no sé, se divide entre personas normales y músicos. Pero creo que, por lo menos para mí, personalmente, es una gran forma de sacar tanto tus alegrías como tus penas y tristezas. Es la música.

 

¿Y en cuanto al género? ¿Cada quien me puede decir un poco de sus influencias?

 

Signý: Creo que las mías son mucha música clásica; pues lo que estudié desde chica. Y después de eso me empecé integrar al rock. Estuve en algunas bandas de rock, que fue muy divertido y ya empezar a perderle el miedo con muchos efectos en el cello. A hacer cosas interesantes.

Cha: Desde niño. Mis papás son melómanos y siempre fue como la escuela rusa, de los compositores rusos: Tchaikovsky, Shostakovich. Y luego, más adelante, pues mis hermanos que son mayores que yo, pues siempre han estado a la vanguardia en cuanto a la música. Por alguna extraña razón recuerdo mucho esa canción de Cruz de Navajas. Y pues obviamente del rock en español; de cuando existía discos Culebra. Me gustaba mucho esa escena. Y recuerdo a mis hermanos que se iban a los conciertos y nunca me llevaban, porque en ese entonces yo era muy chico. Pero tengo que presumir que mi primer concertó fue Caifanes. Y después el segundo concierto grande al que fui fue al de Siouxsie and the Banshees, que estuvo bien chido.

Entonces, mis influencias van también del clásico hasta el death metal, pasando por el jazz. Pues estudié también violín en la Ollin Yoliztli, entonces coincidimos en ciertas cosas, musicalmente hablando, Signý y yo. Que al final dan resultado a esto, a lo que suena 23 Grados.

 

¿Cómo les ha funcionado ante el público?

 

Signý: Bien. Yo creo que va creciendo. Conforme vamos creciendo nosotros en el escenario, también la respuesta del público va creciendo. Pero en los últimos conciertos hemos tenido una muy buena respuesta. Es muy padre, la gente pide autógrafos y se acerca; quiere saber más del proyecto. Es muy padre ver que tus ideas influyen a alguien más de una manera positiva.

Cha: Creo que esa es de las cosas que más valoro cuanto tocamos. Porque la música que hacemos es directa de nuestro corazón; de nuestra alma. Es acerca de la vida y habla de la vida. Y algunas de ellas –las canciones– son muy introspectivas y muy privadas, pero ya a la hora de que lo haces en un escenario y lo compartes, la gente sí se conecta. Eso es algo que nunca había vivido como tal: que algo que escribimos con el corazón, y que muchas veces todavía nos duele recordar, se conecta con el público. Y luego éste te busca y te felicita y escucha, que es lo más interesante, las rolas y te dicen: “Oye, me encantó esa frase”. Es muy chido.

Signý: Sí, de hecho me sorprendió mucho, ahora que fuimos a Guanajuato a tocar, que hubo muchos que nos esperaron como 20 minutos en lo que bajábamos del escenario -en lo que guardábamos nuestras cosas-. Yo les dije: “espérenos ahí en la esquina”. Y lo que me sorprendió mucho es que sí nos esperaron; tenían los discos listos para que se los firmáramos. Entonces es sorprendente.

 

Y en el DF ¿Le han batallado para encontrar tocadas?

 

Signý: Creo que sí hay oportunidades de tocar. Pero no sólo es ir y tocar. También es que te escuches bien, que no estés tocando con otras 20 bandas. No es malo tocar con otras bandas, pero en un jueves, si empiezas a las 9 de la noche, no quieres estar terminando a las 3 de la mañana. Entonces es un poco esto de que encontrar bandas con las que te guste tocar y que son de un género que vaya de acuerdo con lo que tu tocas. Que haya un poquito de organización. Que no termine en un relajo.

 

¿Han visto ustedes apertura a su género musical, a su estilo, de parte de los foros?

 

Signý: Los foros, lo que más les interesa es cuánta gente vas a llevar. Lo demás no les importa tanto. Porque entre más gente llevas, más cuenta van a tener de barra, etc. Eso es lo que yo me he dado cuenta y que sí, me frustra a veces un poco. Porque no debe ser trabajo sólo de las bandas llevar gente, sino también por parte del lugar; es decir, entrarle a la promoción. Una banda no puede hacer todo; hacer flyers, llevar el equipo, hacer la promoción. Es un poco complicado eso.

Cha: Sin mencionar a aquellos que te piden dinero por tocar.

Signý: Pero hasta ahorita no nos han tocado de esos.

Cha: Porque no los hemos aceptado.

 

Pero, en general, ¿ustedes lo consideran complejo o no tanto?

 

Signý: Complejo en ciertos sentidos sí. Pero aún así…bueno, también es que tenemos a un gran equipo atrás de nosotros.

Cha: Eso es verdad. Pero, en cuanto a los foros, como para acabar pronto, hay muy pocos. Y todavía menos lo que tienen buen equipo. Esos sí los puedo contar con los dedos.

Ahora, afortunadamente ya nos movemos sin secuencias, pero antes, cuando lo hacíamos, era: “’Uta, ojalá que haya monitores y una consola, para poder sacar el auxiliar”. Y eso fue un poco parte de la decisión de tocar ya sin secuencias. “Vamos a ver cómo a ver cómo le hacemos para transcribir todo lo que hacíamos en secuencias a los instrumentos”, por que está de hueva de que llegues a un lugar y te digan: “Oye, ps qué crees: es que te pedí esto, pero sólo sirve un canal”.

Signý: “¿Qué crees? Que hoy los monitores no sirven” (ambos ríen).

Cha: Clásico.

Signý: Pero bueno. Al final son cosas divertidas; que son parte de las experiencias.

 

¿Y qué tan complicado fue hacer ese swicth; de la secuencia a lo acústico?

 

Cha: Para mí fue divertido.

Signý: Sí fue bien. Fue como regresar a los orígenes.

 

¿Y cómo lo compensaron técnicamente?

 

Cha: Lo que más nos importó fue poder tener acceso a la batería en vivo. Porque lo demás sí lo logramos hacer; traemos cada quien un pequeño looper y, a pesar de que se hace en vivo el loop, sigue teniendo esa esencia de que no es una secuencia. No tengo nada en contra de las secuencia, pero cuando lo haces en vivo, como que cambia y se nota. Pero sí, creo que la batería es la piedra cenital de esto.

Signý: Aparte, nuestro baterista, Dexter, es muy divertido. Lo hace todo más divertido. Que al fin y al cabo, yo creo que esa es la esencia de estar haciendo todo esto. No creo que vayamos a ser muy ricos y famosos, pero la diversión sí está garantizada.

Digo, estaría padre también pagarle a la gente que te ayuda. Porque también esto involucra a muchas personas y mucho tiempo.

A veces me siento como abusadora, porque yo no puedo pagar de mi propia bolsa, y a veces el proyecto a veces no genera lo suficiente. Pero ahí va. Es un proyecto joven, todavía.

 

¿Cómo les ha ido fuera de la Ciudad de México?

 

Ambos: Muy bien

 

¿En dónde han tocado?

 

Signý: en Cuernavaca; Tepoztlán; Malinalco; Toluca; Taxco, ahí nos fue súper bien. También en el Cervantino.

De hecho, en Malinalco nos fue muy-muy bien, y el proyecto en ese entonces aún era súper joven.

Cha: Todavía ni teníamos baterista.

Signý: Eramos todos unos bebés (ríe).

Cha: Esa vez nos asustaron ahí.

Signý: Sí. Es que empezamos a tocar y todo el mundo dejó de comer, de platicar y volteó y se nos quedó viendo. Les encantó la música.

Cha: Y luego también hay una rola que está dedicada a la memoria de quienes ya no nos acompañan en -este mundo-. Después nos enteramos que donde tocamos era el quirófano de un viejo hospital de ahí de Malinalco. De hecho, estábamos haciendo el sound-check con esa rola -en este lugar que estaba completamente cerrado, sin cornetes de aire- y, de repente, la bocina que tengo al lado como que la avienta con coraje. El chelo también estaba al lado, yo alcancé agarrar la bocina, pero el cello si se calló. Se movió todo el tapete. Fue muy extraño.

Signý: Tenemos ganas de tocar en Guadalajara y el Sur del país.

 

Desde su perspectiva, ¿cómo calificarían a la escena independiente? Desde la perspectiva de artistas y de foros.

 

Signý: Creo que hay artistas muy buenos. Pero creo que tienen muy poco apoyo. Nosotros estamos en lo mismo, entonces a veces es un poco difícil lograr sobresalir entre tantos. Tampoco hay un foro increíble, que tenga un sonido muy bueno. Entonces, puedes saber de una banda que es muy buena y llegas a verlo en un foro, pero por cuestiones del foro, del ingeniero de sonido, o por equis cosa, suenan terrible. Yo creo que eso es algo que me llega a frustrar un poco. He visto a grandes bandas que sé que son buenas, porque los he visto antes, y los ves en otros foros y es realmente una lástima que no suenen bien. Y obviamente, si vas y presentas eso, a la gente no se les olvida. Se les queda en la cabeza que es una banda que no vale la pena.

Pero hay muchas y muy buenas bandas.

Cha: Yo creo que es bastante grande la escena. Y es muy competida. Yo sí sé que hay muy buenas bandas, pero también sé que hay muchas muy malas. Y que son muchas, también. Pero eso es como parte de cualquier tendencia; sobre todo ahora, que estamos en una etapa de transición de la música independiente. Ya las disqueras no venden discos, por ejemplo. Y de aquí a que tome ritmo ser independiente contra estar en una disquera, todavía falta un rato. Para que se puedan calmar las aguas y se pueda decir que todo va a correr entorno a esto y se empiecen a delimitar esos apoyos que tienen las grandes empresas. Porque la música independiente es eso: carencia de fondos, básicamente. Puede haber muy buena música, pero si no tienes ese apoyo extra de que no lo tienes que hacer todo tú, eso va limitar mucho la calidad de la banda.

Signý: Eso es también lo que hemos tenido mucha suerte, gracias al equipo que nos apoya: Manolo, Julio, Pablo y Liz. Entonces es mucho más fácil dividir el trabajo entre siete que hacerlo nosotros dos.

 

¿Qué sigue para 23 Grados?

 

Signý: ¡El Festival Ajusco! El sábado 14 tocamos en el escenario de Telcel.

Creo que también estaría bueno poder sentarnos y terminar la otra parte del disco.

Cha: Yo creo que lo que viene, sin hablar de presentaciones, es el disco; ya el LP.

¿Y sería combinar las canciones que tienen ahorita en su EP más temas adicionales?

Cha: Yo creo que serían nuevas todas.

Signý: Tenemos material y muchas ganas para hacerlo.

 

Y, seguro, al ver de la manera en la que fluye la química entre estos dos músicos, 23 Grados tiene muchas sorpresas por delante, para esta escena independiente. Que, si bien es muy amplia, necesita oferta como ésta, llena de mística y alquimia.

 

 

Equipo editorial RevistaTBN.

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