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Por Omar El Condenado

 Café del Conde.

 


 

 

 

 

Para el músico que se sienta rigurosamente a trabajar temprano, hasta llegar la noche, no hay mejor bebida para inspirarse que un buen café; este acto, es hacer referencia a uno de sus significados: Qahwa, que en árabe significa “lo que maravilla o, da vuelo al pensamiento”.

 

Hablar del café y música es un poco fortuito y, tenemos que pasar por muchas puntos para llegar a nuestro objetivo. Sabemos de escritores como Balzac, Goldoni, , Voltaire, Roussea, Gothe, Hegel, Marx, Sartre y demás gente importante como Napoleón Bonaparte, mostrar elogios por  la “bebida del diablo”, llamada así por tener su origen en lo más profundo de toda la tradición árabe, contra la que lucho arduamente el cristianismo europeo; hasta que en el siglo XVII, el Papa Clemente VIII, decreto el bautizo a satanás, para poder aceptar  una bebida tan rica y necesaria, digna de la ignorancia judeocristiana.  Pero, el café y la música tienen una relación mística, como su mismo origen.

Para la tradición Sufi, que son los sacerdotes del islam, no hay nada más sagrado que ingerir café en grandes cantidades y proceder a danzar durante toda la noche, para lograr la conexión entre el mundo espiritual y el mundo terrenal, es decir la meditación sobre el problema dualista del alma empieza mediante estos tres elementos: café, música y, danza.  El arte Terpsícore  incluye obviamente el arte Euterpe y viceversa. Es indudable que la música que actualmente conocemos como deleite estético-práctico, tiene poco que ver con sus orígenes; tal vez hasta la época renacentista, se trató a la música con suma divinidad, por contar con toda una mitología propia.

La música Sufi tiene –como muchas otras músicas- tres elementos de lo significó mousike techné para los griegos: música, poesía y danza. La salmodia islámica de los sufies, llena de microtonalismos y melodías repetitivas, es herencia de los primeros ejercicios para la conformación del arte de los sonidos, proveniente -indudablemente- de Grecia.  Sabemos que los principales teóricos de la música, Pitágoras, Olen Hygians provenían de la islas asiáticas hacia el año 400 a.C.  A contraste, la música occidental, diez siglos después de la llegada de cristo, se alejó de las entonaciones microtonales y se asentó en el diatonismo adoptando el semitono como medida mínima en su registro.

Los  árabes habían desarrollado -mucho antes que Bach-  la teoría musical para el temperamento actual (el temperado igual) de doce semitonos, misma que usaron los vihuelistas españoles de herencia flamenca cuya autoría se adjudica al español  Bartolome Ramos. El dominio árabe llegó hasta España, el norte de África, parte de la India y Turquía, este último lugar privilegiado por ser la cuna de la filosofía, la antigua Anatolia. No resulta extraño que fueron los árabes como Aberróes, quienes tradujeron primeramente del griego la filosofía aristotélica, aún cuando Europa se aposentaba como civilización lactante e ignoraban las teorías griegas.

No hay nada más social que la música y el café. No se conoce sociedad sin música, y  y la bebida preferida después del agua  de todas estas   sociedades, es el café.

El café se conoció como la droga legal más consumida por todo el mundo, el efecto estimulante que causa al cerebro fue estudiado por, a petición del escritor romántico Gothe, quien veía en el insomnio la luz inspiradora de su trabajo.

Grandes compositores como  Bach, Handel, Beethoven,  acompañaros su trabajo de composición con café, bebida que despierta intelecto. Recuerda estimular tu cerebro con mucha cafeína.

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