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Entrevista. Taurina; La Furia Del Rock

Tengo el placer de escribir acerca de una de las bandas más pesadas de la ciudad, les hablo de Taurina; el diccionario la define como “Una banda de rock progresivo latino con una energía poderosa formada en la escena independiente del rock en México”. Taurina es un grupo de amigos, hermanados por todas las situaciones que un joven puede experimentar a lo largo de su vida y por la música. Juntos emprendieron un proyecto musical que con años de esfuerzo, dedicación, pasión y amor han sacado adelante, me bastó platicar con ellos toda la tarde en la comodidad de su estudio de grabación para saber que llegarán lejos y para que se ganaran un lugar en mi corazón. Sin querer hacer de esto algo lleno de miel solo me limitaré a decir que espero volver a escribir de ellos para decir que son la mejor banda de México.

Taurina esta conformada por Cristian SilvaTito– (Guitarra y voz), Diego ZárateLa Bestia– (batería), Rodolfo RosasTochi– (percusiones), Sebastian Zárate (Bajo), Jorge Juarez (teclados, saxofón, guitarra). Los tipos más buena onda que puedan imaginar, sentados todos en su comodísimo sillón y Jorge en la alfombra; me dicen hola mientras juegan alguna de las mil versiones que existen de Mario Bros (creo), hable con ellos de sus proyectos como banda, de sus grandes logros y de los Simpson. Sin mentir o hacer de esto mi querido diario Taurina me hizo sentir como en mi casa, con mis amigos, nunca dejé de reír y lo más importante; me hicieron reflexionar acerca de lo que esta pasando ahora mismo con la escena musical de México, que como ellos hay muchas bandas trabajando y contribuyendo a construir esa escena con propuestas y proyectos muy interesantes.

Esta banda es muchisima energía y adrenalina, si los ven en vivo ¡todavía mejor! logran transmitirte toda esa energía y prometen que vas a regresar una y otra vez, han hecho un proyecto solido cuyo principio fundamental es rescatar sus raíces y la identidad mexicana, sabiamente han construido un sonido particular y propio, aseguran que aun están en la construcción y búsqueda pero a mi me parece que ya lo tienen, poseen una química increíble entre ellos, al momento de componer, de tocar y en la vida.

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¿Cómo se formó Taurina y cual ha sido el proceso para llegar a donde están ahora?

Tito: Llevamos como diez años tocando juntos, yo estaba en una banda con Tochi, nos metimos a esa onda de vender boletos y tal, ese día a Tochi le robaron sus platos entonces se los fue a pedir a Diego que en ese entonces estaba con otra banda y así nos conocimos surgió una química muy chida y empezamos a tocar con el, ya después se unió Sebas que es hermano de Diego y Jorge apenas lleva como medio año, estuvimos un poco escépticos después de que nuestro anterior guitarrista se fue, pero todo fue bien nos conectamos muy chido con Jorge y hasta el momento hemos trabajado muy bien juntos, desde el principio hubo esa química.

Han sido muchos años de trabajo y de esfuerzo, nosotros empezamos desde abajo, hemos tocado desde un hoyo funky hasta apenas que tocamos en no se, un bar en el centro; hemos crecido juntos y hemos vivido muchísimas cosas juntos que nos han hecho a parte de compañeros en la música, hermanos, somos hermanos, es algo muy chido poder compartir con ellos esto y es satisfactorio el camino, desde que empezamos con Taurina nos pusimos metas, objetivos y principios no fue así de la nada, es algo que requiere disciplina y trabajo, y fue fluyendo tenemos muy buena química nosotros no forzamos nada, como se vaya dando, lo que si es que siempre hemos estado en la búsqueda de nuestro sonido, de hacer algo propio, es parte de los principios que tenemos como banda pero sabemos que nunca cae mal una tercera opinión así que apenas decidimos empezar a trabajar con un productor y ese es Fermín Sánchez de los Guadaloops, estamos trabajando nuestro sencillo con el y en eso andamos por ahora

¿Cuáles son sus metas y objetivos?

Sebas: Metas a corto plazo, lograr de tocar en los lugares mas populares de la escenas del rock, sacar nuevo material para antes que termine el año, y continuar trabajando para que muchas personas conozcan la música de Taurina. Y a largo plazo, ser una de las mas importantes del rock México, y lograr expandir muestra música a lo internacional

Diego: Ser la mejor banda de México

 

¿Siempre supieron a que querían sonar?

Tito: Creo que no es a que quieres sonar, eso se va dando conforme la marcha

Tochi: Si, yo creo eso es imposible, si un banda supiera a que quiere sonar se muere

Tito: Si, no es algo que sepas, ni tengas una idea, solo va saliendo nosotros no forzamos nada y esta totalmente alejado de tus influencias a veces y de todo eso, lo que siempre hemos tenido claro es rescatar la mexicaneidad en lo que hacemos como por ejemplo las percusiones
¿De qué manera rescatan la identidad mexicana en sus composiciones?

Tito: No es que queramos sonar a algo prehispánico o música folklórica, así como las percusiones son algo con lo que rescatamos algo de nuestra identidad, nuestras raíces, también lo son las líricas, las letras son algo muy cotidiano que nos pasa a todos, nosotros no hablamos del espacio sideral y tal pero tratamos de rescatar de muchas maneras nuestra identidad, lo cotidiano, que te puedas identificar con nosotros, no nada más con el sonido hacemos eso, también en la forma de producir nuestra música, la difusión, tenemos muy claros nuestros principios como banda y uno de ellos tal vez el mas grande es rescatar y proyectar lo mexicano en todo lo que hacemos
¿Qué opinan de la escena musical en México?

Diego: Hay un chingo de bandas buenas, han salido muchas bandas ahorita que tocan muy chido

Tito: Hay muchas bandas muy buenas con propuestas interesantes, y de muchos géneros. Yo creo que lo peor que se puede hacer es quejarse y no actuar, mientras haya alguien que agarre una guitarra, una batería, un bajo, no se, va a seguir existiendo la música y no se trata de si es buena o mala, eso es algo muy subjetivo,  lo importante es hacer algo y aportar un poco a esa escena, para nosotros es importante la tolerancia, hemos aprendido a escuchar y lo disfrutamos mucho, es parte de nuestra filosofía no solo como banda también como personas hay que apoyarnos, extender una mano, cualquier cosa es mejor que quedarse callado y no hacer nada y repito; lo peor que puedes hacer para la escena es no hacer nada

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¿Cómo es el proceso creativo de Taurina?

Tito: Pues casi siempre empezamos de una base y vamos armando poco a poco la canción, no sé yo tengo un riff o algo y ya poco a poco van tocando todos y se va armando algo chido, tenemos muy buena química entre nosotros para tocar y fluye muy bien todo al momento de componer, podemos pasarnos el día tocando y componiendo, podemos sacar una canción no se en veinte minutos o en dos años, siempre sacamos muchísima música al final del día, es parte del proceso pero ya el hacer en si la rola vamos rescatando sonidos y casi siempre partimos sobre un base o un sonido, como un rompecabezas
¿Qué es lo que mas les gusta de tocar en vivo?

Todos: ¡Todo!

Tito: Todo, absolutamente todo el ritual que es tocar en vivo, desde esperar tu turno después de otras bandas hasta salir a conectar un cable

Diego: Es una adrenalina muy chingona

Tito: Se siente increíble y cuando estamos tocando todos estamos muy metidos y concentrados en que todo salga bien pero hay un momento de lucidez que siempre tengo donde los volteo a ver a todos y les sonrío y siempre me siento muy afortunado de tener la oportunidad de tocar con gente que considero no solo mis amigos sino mis hermanos, eso es lo que me gusta mas de tocar en vivo y siempre tratamos de hacer de nuestras tocadas algo nuevo tratamos de reinventarnos, no mostrar lo mismo, igual alguien nos vio una vez y le gusto, va a regresar a vernos y si ve algo nuevo en el escenario va a volver, le van a dar mas ganas porque traemos algo nuevo que no ha visto, siempre tratamos de reinventarnos, a veces improvisamos pero siempre sobre la base de la canción tratamos de seguir lo que es la canción y a veces para variar un poco es la improvisación pero el reinventarnos no es tanto en en el sonido o las canciones es mas la manera en como nos desenvolvemos y hacemos el espectáculo

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¿Cómo es la interacción con el publico?
Tito: Es muy chida, a veces yo me acerco a platicar; ¿cómo estas? ¿qué tal te la estas pasando? y de pronto se siente como el hecho de hablar con uno te conecta con toda la gente que esta ahí, es muy chido, no podemos solo estar enfocados en tocar, como frontman es esencial esa interacción con la gente, igual hay días en los que no estas de buen animo para tocar y por mas que hagas pues no hay esa conexión yo creo es parte también de la música y tocar en vivo, cuando todo va saliendo bien y estas de buen humor existe esa conexión con la gente sino pues no pasa nada y si hemos tenido una que otra tocada donde eso pasa pero todo depende siempre de tu humor, de tu estado de animo.
¿Cuáles son sus influencias musicales?

Sebas: Trip Hop, música de los 90s, New Metal. Tool, Limp Bizkit, Queens Of The Stone Age, casi no conecto con la música nueva.

Tochi: Rock en general, The Mars Volta, Omar Rodríguez-López, At The Drive In, Deftones, Red Hot Chilli Peppers, etc.

Diego: Rock y Grunge, y emo hay cosas chidas como Fugazzi, Minor Treat, pues me gusta escuchar de todo lo que no me gusta es el Ska mexicano, lo que si me gusta mucho es el rock urbano, me parece algo que rescata mucho de esta identidad mexicana, no se por que se ha denigrado tanto y lo ven como lo peor. Si, habla de las monas y esas cosas pero esa es nuestra realidad, como la pobreza. El urbano si se me hace algo muy chingón, sus letras hablan de lo que vivimos, no están alejadas de nuestra realidad, es algo que tiene mucha identidad mexicana

Tito: puedo escuchar de todo, como decía es importante y disfruto mucho escuchar música y hemos aprendido a tolerar, me gusta todo lo que tenga el espíritu del rock, aunque no necesariamente sea el género como tal, si rescatan el espíritu del rock para mi es lo importante y lo que me gusta.

Jorge: a mi me gusta mucho la música nacional

Si tuvieras la oportunidad de ver a cualquier banda en vivo ¿a quién sería?

Diego, Sebas, Tito: Led Zeppelin
Tochi: Pink Floyd con Syd Barrett
Jorge: Juan Gabriel en Bellas Artes 1990

 

Película favorita
Sebas: La Vida Es Bella
Tochi: Forrest Gump
Diego: A Serbian Film, Los Gatos De Las Azoteas y las de 3 Lancheros Muy Picudos
Tito: El Imperio Contraataca Y Los Olvidados

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Capitulo favorito de los Simpson
Sebas: Cuando Homero se compra un bajo
Tochi: Bart vende su alma
Diego: cuando homero es boxeador
Tito: Expedientes secretos de Springfield

 

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Concierto que mas te ha gustado
Sebas: Tool en cumbre Tajin
Tochi: The Mars Volta en Coca-Cola Zero Fest
Diego y Tito: Pearl Jam 2015
Jorge: Vive Latino 2011

Ídolos

Sebas: tengo muchos muchos ídolos en la música no podría decir uno en especial y en la vida mi mamá
Tochi: Dalai Lama
Diego: en la musica John Boham y Dave Groll y en la vida mi jefa
Tito: Alvaro Carrillo
Jorge: Saul Moreno

 

 

¿Qué sigue para Taurina?

Sebas: pensamos por consideración del tiempo sacar uno o dos sencillos en lo que queda del año pero ya dirá el tiempo, sabemos que puede atrasarse un poco pero queremos entregar un buen material. Por el momento tenemos solo una fecha muy especial con bandas muy buenas, va a ser una gran sorpresa

Para contactar con Taurina:

Soundcloud Facebook Instagram Twitter 

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23 Grados, misticismo, magia y alquimia

Jorge Camarena

La naturaleza y el universo están llenos de números que guardan lazos misteriosos entre sí. Duncan MacDougall lanzó su teoría de los 21 gramos –el peso del alma–, que ha sido replicada en la cultura popular, por ejemplo, en el drama cinematográfico de Alejandro González Iñárritu.

Para un par de extraordinarios músicos, una islandesa y un mexicano, la cifra mística es 23. “El corazón reposa sobre la cavidad del diafragma, pero el eje tiene 23 grados de inclinación como la tierra en relación a la orbita del sol. (…) El ojo muestra la misma posición e inclinación en relación al eje del mundo o a la orbita solar…”, se lee en Alquimia y Mística: El Museo Hermético, de Alexander Roob, texto que influyó en Signý Bergsdóttir y Cha Baeza.

23 Grados se lanza a hacer una gran apuesta por el folk-rock, un género con no muchos seguidores en México. Aún así, su química y espontaneidad procrearon un primer EP que atraerá a oídos y corazones sensibles.

 

Ustedes son una banda muy especial por el género y los integrantes –Cha, en la guitarra y Signý en la voz y el cello–. Me imagino que esto lo han destacado siempre que les hacen una entrevista.

 

Signý: Sí, bueno es que creo que nosotros lo vemos normal (ríe). Sí, el género es algo que simplemente nació; no fue decisión de hacer un género diferente, simplemente comenzamos a tocar e improvisar y salieron las canciones y salieron en ese género.

 

¿Me pueden contar un poco sobre el génesis de 23 Grados?

 

Cha: Yo conocí a Signý por el amigo de otro amigo, a quien le comenté “oye, estoy buscando a alguien que haga unas cuerdas para María Robot (el otro proyecto en el que Cha participa)” y me responde “ah, pues yo conozco a una chica que toca el cello. De hecho, van a tocar al rato. Vamos”. Órale. Entonces llegamos a este bar, donde estaba Signý con su banda Kanski. Me gustó mucho y cuando terminaron de tocar me le acerqué a Signý y le conté sobre el proyecto y pues nada. Me respondió, yo te contacto, tú no me contactes, casi-casi (ríen).

Ya después, ya juntos como banda, ella me comento al respecto, “pues es que llegaste sin una cerveza, guey” (ríen ambos).

Y bueno, ya después de unos cuantos meses –“Como dos”, interrumpe Signý– Me dijo: ya escuché el proyecto. Vamos a vernos.

Entonces ya estamos en el ensayo de María Robot, que se supone era ensayo exclusivo de la banda con Signý metiéndole cuerdas. Pero no, más bien fue un ensayo para los dos; nos la pasamos jammeando ella y yo. Y esos gueyes –el resto de la banda– se nos quedaban viendo así de “A ver a qué hora. Estamos pagando sala de ensayo”.

Signý: Y yo: “¡Mira se escucha bien padre!” (ríen ambos)

 

Entonces, ¿fue una química inmediata?

 

“Sí”, responden al unísono.

Signý: Sí, ya cuando empezamos con los instrumentos, sí. Hicimos un buen click.

 

Esto, ¿Alrededor de cuando fue?

 

Cha: Hace como dos años. De hecho, acabamos de cumplir dos años.

Y a partir de entonces empezamos a vernos continuamente. Y empezamos a hacer rolas. Bueno, no eran rolas como tal. Eran maquetas.

Signý: Eran pruebas de grabación, porque yo dije “quiero grabar”, entonces me compré mi interfase y le dije a Cha: bueno, Carlos, hay que grabarlo. Y pobre Carlos, aguantó. Aguantó, porque era “ya se atoró. Otra vez; repítelo”. y de ahí nacieron varias maquetas.

Cha: Que ya eventualmente algunas de éstas las jalamos para el EP. Muchas se quedaron fuera. Y también esta selección del EP, fue mas bien selección de los chicos del equipo de producción de 23 Grados.

Que es chistoso, porque nos dijeron “esta, esta, y esta”. Y nosotros: “Oye, pero esa ni siquiera es una rola”. Y ahora, el intro que viene en el EP era eso: una improvisación que teníamos y que la tuvimos que volver a sacar.

Fueron varias coincidencias, porque también los productores querían otra rola que se llamaba algo así como “eeprrrrr-eh” (ríe). Ya sabes, de esas veces que sólo manoteas el teclado, para que se guardara. Y nos dijeron que querían esa rola. Yo les dije “Naah, ps esa todavía ni siquiera está”. Al final, no se quedó, pero si se hubiera quedado, no hubiera durado 23 minutos el EP.

Las seis canciones, en total, duran 23 minutos.

Signý: Nos dimos cuenta ya cuando estábamos terminando de mezclar. Fue así de: “Chicos ¿Vieron? Acabamos el disco y son 23 minutos”. Y fue como que muy extraño; son muchas coincidencias.

Cha: Pero bueno, así nos conocimos. Y como Signý lo decía: no es de que nos hayamos puesto de acuerdo en un género; simplemente salió y creo que ese es ADN de la Banda. Es, vía improvisación, lo que sientes al momento. Se le hacen algunas cosillas, sale una letra, y eso es lo que queda.

 

¿Cuál es el camino inspiracional para llegar a ese proceso creativo, a este género?

 

Signý: La plática sobre lo que nos pasó en el día y, también, poemas. Fotos. Pero creo que también es mucho eso de sacar las emociones que tienes dentro. A lo mejor, no sé, se divide entre personas normales y músicos. Pero creo que, por lo menos para mí, personalmente, es una gran forma de sacar tanto tus alegrías como tus penas y tristezas. Es la música.

 

¿Y en cuanto al género? ¿Cada quien me puede decir un poco de sus influencias?

 

Signý: Creo que las mías son mucha música clásica; pues lo que estudié desde chica. Y después de eso me empecé integrar al rock. Estuve en algunas bandas de rock, que fue muy divertido y ya empezar a perderle el miedo con muchos efectos en el cello. A hacer cosas interesantes.

Cha: Desde niño. Mis papás son melómanos y siempre fue como la escuela rusa, de los compositores rusos: Tchaikovsky, Shostakovich. Y luego, más adelante, pues mis hermanos que son mayores que yo, pues siempre han estado a la vanguardia en cuanto a la música. Por alguna extraña razón recuerdo mucho esa canción de Cruz de Navajas. Y pues obviamente del rock en español; de cuando existía discos Culebra. Me gustaba mucho esa escena. Y recuerdo a mis hermanos que se iban a los conciertos y nunca me llevaban, porque en ese entonces yo era muy chico. Pero tengo que presumir que mi primer concertó fue Caifanes. Y después el segundo concierto grande al que fui fue al de Siouxsie and the Banshees, que estuvo bien chido.

Entonces, mis influencias van también del clásico hasta el death metal, pasando por el jazz. Pues estudié también violín en la Ollin Yoliztli, entonces coincidimos en ciertas cosas, musicalmente hablando, Signý y yo. Que al final dan resultado a esto, a lo que suena 23 Grados.

 

¿Cómo les ha funcionado ante el público?

 

Signý: Bien. Yo creo que va creciendo. Conforme vamos creciendo nosotros en el escenario, también la respuesta del público va creciendo. Pero en los últimos conciertos hemos tenido una muy buena respuesta. Es muy padre, la gente pide autógrafos y se acerca; quiere saber más del proyecto. Es muy padre ver que tus ideas influyen a alguien más de una manera positiva.

Cha: Creo que esa es de las cosas que más valoro cuanto tocamos. Porque la música que hacemos es directa de nuestro corazón; de nuestra alma. Es acerca de la vida y habla de la vida. Y algunas de ellas –las canciones– son muy introspectivas y muy privadas, pero ya a la hora de que lo haces en un escenario y lo compartes, la gente sí se conecta. Eso es algo que nunca había vivido como tal: que algo que escribimos con el corazón, y que muchas veces todavía nos duele recordar, se conecta con el público. Y luego éste te busca y te felicita y escucha, que es lo más interesante, las rolas y te dicen: “Oye, me encantó esa frase”. Es muy chido.

Signý: Sí, de hecho me sorprendió mucho, ahora que fuimos a Guanajuato a tocar, que hubo muchos que nos esperaron como 20 minutos en lo que bajábamos del escenario -en lo que guardábamos nuestras cosas-. Yo les dije: “espérenos ahí en la esquina”. Y lo que me sorprendió mucho es que sí nos esperaron; tenían los discos listos para que se los firmáramos. Entonces es sorprendente.

 

Y en el DF ¿Le han batallado para encontrar tocadas?

 

Signý: Creo que sí hay oportunidades de tocar. Pero no sólo es ir y tocar. También es que te escuches bien, que no estés tocando con otras 20 bandas. No es malo tocar con otras bandas, pero en un jueves, si empiezas a las 9 de la noche, no quieres estar terminando a las 3 de la mañana. Entonces es un poco esto de que encontrar bandas con las que te guste tocar y que son de un género que vaya de acuerdo con lo que tu tocas. Que haya un poquito de organización. Que no termine en un relajo.

 

¿Han visto ustedes apertura a su género musical, a su estilo, de parte de los foros?

 

Signý: Los foros, lo que más les interesa es cuánta gente vas a llevar. Lo demás no les importa tanto. Porque entre más gente llevas, más cuenta van a tener de barra, etc. Eso es lo que yo me he dado cuenta y que sí, me frustra a veces un poco. Porque no debe ser trabajo sólo de las bandas llevar gente, sino también por parte del lugar; es decir, entrarle a la promoción. Una banda no puede hacer todo; hacer flyers, llevar el equipo, hacer la promoción. Es un poco complicado eso.

Cha: Sin mencionar a aquellos que te piden dinero por tocar.

Signý: Pero hasta ahorita no nos han tocado de esos.

Cha: Porque no los hemos aceptado.

 

Pero, en general, ¿ustedes lo consideran complejo o no tanto?

 

Signý: Complejo en ciertos sentidos sí. Pero aún así…bueno, también es que tenemos a un gran equipo atrás de nosotros.

Cha: Eso es verdad. Pero, en cuanto a los foros, como para acabar pronto, hay muy pocos. Y todavía menos lo que tienen buen equipo. Esos sí los puedo contar con los dedos.

Ahora, afortunadamente ya nos movemos sin secuencias, pero antes, cuando lo hacíamos, era: “’Uta, ojalá que haya monitores y una consola, para poder sacar el auxiliar”. Y eso fue un poco parte de la decisión de tocar ya sin secuencias. “Vamos a ver cómo a ver cómo le hacemos para transcribir todo lo que hacíamos en secuencias a los instrumentos”, por que está de hueva de que llegues a un lugar y te digan: “Oye, ps qué crees: es que te pedí esto, pero sólo sirve un canal”.

Signý: “¿Qué crees? Que hoy los monitores no sirven” (ambos ríen).

Cha: Clásico.

Signý: Pero bueno. Al final son cosas divertidas; que son parte de las experiencias.

 

¿Y qué tan complicado fue hacer ese swicth; de la secuencia a lo acústico?

 

Cha: Para mí fue divertido.

Signý: Sí fue bien. Fue como regresar a los orígenes.

 

¿Y cómo lo compensaron técnicamente?

 

Cha: Lo que más nos importó fue poder tener acceso a la batería en vivo. Porque lo demás sí lo logramos hacer; traemos cada quien un pequeño looper y, a pesar de que se hace en vivo el loop, sigue teniendo esa esencia de que no es una secuencia. No tengo nada en contra de las secuencia, pero cuando lo haces en vivo, como que cambia y se nota. Pero sí, creo que la batería es la piedra cenital de esto.

Signý: Aparte, nuestro baterista, Dexter, es muy divertido. Lo hace todo más divertido. Que al fin y al cabo, yo creo que esa es la esencia de estar haciendo todo esto. No creo que vayamos a ser muy ricos y famosos, pero la diversión sí está garantizada.

Digo, estaría padre también pagarle a la gente que te ayuda. Porque también esto involucra a muchas personas y mucho tiempo.

A veces me siento como abusadora, porque yo no puedo pagar de mi propia bolsa, y a veces el proyecto a veces no genera lo suficiente. Pero ahí va. Es un proyecto joven, todavía.

 

¿Cómo les ha ido fuera de la Ciudad de México?

 

Ambos: Muy bien

 

¿En dónde han tocado?

 

Signý: en Cuernavaca; Tepoztlán; Malinalco; Toluca; Taxco, ahí nos fue súper bien. También en el Cervantino.

De hecho, en Malinalco nos fue muy-muy bien, y el proyecto en ese entonces aún era súper joven.

Cha: Todavía ni teníamos baterista.

Signý: Eramos todos unos bebés (ríe).

Cha: Esa vez nos asustaron ahí.

Signý: Sí. Es que empezamos a tocar y todo el mundo dejó de comer, de platicar y volteó y se nos quedó viendo. Les encantó la música.

Cha: Y luego también hay una rola que está dedicada a la memoria de quienes ya no nos acompañan en -este mundo-. Después nos enteramos que donde tocamos era el quirófano de un viejo hospital de ahí de Malinalco. De hecho, estábamos haciendo el sound-check con esa rola -en este lugar que estaba completamente cerrado, sin cornetes de aire- y, de repente, la bocina que tengo al lado como que la avienta con coraje. El chelo también estaba al lado, yo alcancé agarrar la bocina, pero el cello si se calló. Se movió todo el tapete. Fue muy extraño.

Signý: Tenemos ganas de tocar en Guadalajara y el Sur del país.

 

Desde su perspectiva, ¿cómo calificarían a la escena independiente? Desde la perspectiva de artistas y de foros.

 

Signý: Creo que hay artistas muy buenos. Pero creo que tienen muy poco apoyo. Nosotros estamos en lo mismo, entonces a veces es un poco difícil lograr sobresalir entre tantos. Tampoco hay un foro increíble, que tenga un sonido muy bueno. Entonces, puedes saber de una banda que es muy buena y llegas a verlo en un foro, pero por cuestiones del foro, del ingeniero de sonido, o por equis cosa, suenan terrible. Yo creo que eso es algo que me llega a frustrar un poco. He visto a grandes bandas que sé que son buenas, porque los he visto antes, y los ves en otros foros y es realmente una lástima que no suenen bien. Y obviamente, si vas y presentas eso, a la gente no se les olvida. Se les queda en la cabeza que es una banda que no vale la pena.

Pero hay muchas y muy buenas bandas.

Cha: Yo creo que es bastante grande la escena. Y es muy competida. Yo sí sé que hay muy buenas bandas, pero también sé que hay muchas muy malas. Y que son muchas, también. Pero eso es como parte de cualquier tendencia; sobre todo ahora, que estamos en una etapa de transición de la música independiente. Ya las disqueras no venden discos, por ejemplo. Y de aquí a que tome ritmo ser independiente contra estar en una disquera, todavía falta un rato. Para que se puedan calmar las aguas y se pueda decir que todo va a correr entorno a esto y se empiecen a delimitar esos apoyos que tienen las grandes empresas. Porque la música independiente es eso: carencia de fondos, básicamente. Puede haber muy buena música, pero si no tienes ese apoyo extra de que no lo tienes que hacer todo tú, eso va limitar mucho la calidad de la banda.

Signý: Eso es también lo que hemos tenido mucha suerte, gracias al equipo que nos apoya: Manolo, Julio, Pablo y Liz. Entonces es mucho más fácil dividir el trabajo entre siete que hacerlo nosotros dos.

 

¿Qué sigue para 23 Grados?

 

Signý: ¡El Festival Ajusco! El sábado 14 tocamos en el escenario de Telcel.

Creo que también estaría bueno poder sentarnos y terminar la otra parte del disco.

Cha: Yo creo que lo que viene, sin hablar de presentaciones, es el disco; ya el LP.

¿Y sería combinar las canciones que tienen ahorita en su EP más temas adicionales?

Cha: Yo creo que serían nuevas todas.

Signý: Tenemos material y muchas ganas para hacerlo.

 

Y, seguro, al ver de la manera en la que fluye la química entre estos dos músicos, 23 Grados tiene muchas sorpresas por delante, para esta escena independiente. Que, si bien es muy amplia, necesita oferta como ésta, llena de mística y alquimia.

 

 

Equipo editorial RevistaTBN.

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Christian Balderas, orgulloso de ser chilango y músico independiente

Jorge Camarena

Christian es Tecladista de T’orus, Jvne, Marcol, Micca, Renee y Vanesa Zamora, entre otros.

Uno de los músicos con mayor presencia en la escena independiente de la Ciudad de México nos platicó sobre la exitosa autogestión detrás de T’orus, su nuevo material discográfico y la verdadera grandeza que reside dentro de una escena antes menospreciada y ahora explotada.

Christian –sonriente, positivo, progresista e imparable– les recuerda en esta entrevista a todos los músicos independientes chilangos: acéptate y enorgullécete de quien eres.

 

¿Con cuantos proyectos estás tocando?

 

No sé. Muchos.

Formalmente, con cuatro. O cinco. Pero de repente hay un punto en el que también tanta gente depende de ti. Por ejemplo, hay grupos donde soy suplente; no soy el principal, pero si éste no puede, yo voy. Pero esos grupos también me ven y me consideran como principal. Siempre que voy a los ensayos me tratan súper bien, siempre me presentan, me ponen en las fotos. Me hacen sentir parte del proyecto.

 

Formalmente podríamos decir que T’orus es tu banda principal, pero de ahí, ¿qué otros proyectos fuertes tienes?

 

Pues está Jvne, está Marcol, Micca. Ahora también estoy tocando con Fermín Fortiz y Tania Guzmán. De repente me hablan para tocar con tríos; estoy con Renee y también toco bastante con Vanesa Zamora.

 

Tú, que estás tan metido con todas estas bandas, creo que tienes un magnífico referente sobre cómo está la escena independiente en la Ciudad de México ¿Qué me puedes decir al respecto?

 

Pues hay bastantes temas al respecto.

De lo primero quisiera hablar, de la parte que más me gusta resaltar, es que una escena sumamente variada. Yo, he tocado con grupos que son desde lo más popero hasta lo más jazzero –que es T’orus–. Podrían verse como diferentes escenas, pero todas pertenecen a una misma: a la escena underground o independiente, de públicos pequeños.

Lo que puedo decir que me gusta, es que existe unión.

Por ejemplo, me gusta mucho David Aguilar. Y ayer estaba viendo una foto donde fue Vanesa Zamora a casa de David con Loli Molina y Hernán Hecht. Y de repente, yo voy con Vanesa a una fiesta y ahí están los músicos de Kalimba. Y de repente, vamos a otra fiesta y ahí están otros amigos.

Sí hay como una especie de unión. Sí, todos somos amigos.

Por ejemplo, ahora que toqué con Renee y empecé a conocer a nuevas personas, en la tocada ella dijo “ya tenemos un nuevo miembro de la familia”. Y ya estaba cotorreando con Descartes y más bandas.

Yo he sentido que sí es un ambiente como amistoso; como que se está apoyando ¿Por qué? Por que es un ambiente que necesita apoyarse.

Siento que la escena independiente necesita el apoyo de los propios músicos. Necesita que los músicos se la crean. Si nosotros vemos que es un público pequeño el que se genera. Por ejemplo, seamos realistas, si vas a un festival; de esos que se están haciendo en los horarios de las 12 del día, el público no llega a 50 personas. Y si tocan en el Imperial y bien les va, porque es un martes o es un miércoles los que te dan en esos lugares, que son horarios inaccesibles, pues también va a estar bajón el público.

Y cuando tienes eventos súper, súper llenos –con T’orus hemos tenido en el Imperial 280 personas, ahora con el Antifestival, que es un festival con bandas totalmente independientes y no conocidas, tuvimos 400 personas; se llenó el Lunario– es por que tienen (las bandas) ese apoyo y porque se asumen como independientes.

Pero ya es algo así como por antonomasia. Ya no es que digan: “¡Ay! Somos independientes. Compra nuestro disco en Mixup” o que salgan en la radio o que estén preocupados por salir en la radio. Simplemente son grupos que, como ya se asumen independientes, que ya saben que así es la onda, tú los ves cómo están muy activos en redes sociales –en Facebook, en Twitter–. sus fans les ponen cosas y ellos les contestan directamente. Van a los conciertos.

Me gusta porque es una escena donde ya no se ve al músico como el inalcanzable. Es una escena que le pide al músico ser más cercano a su público o si no, no la va a hacer. Esos grupos que yo he visto que están en contacto con su público, son los grupos a los que veo les va bien. Y es natural, su público los quiere.

 

¿Cuando empezaste a tocar? ¿Cuándo empezaste con tu primera banda?

 

Fue por el 2000, en la secundaria.

 

Y del 2000 para acá, ¿cómo has visto que se ha movido la escena independiente en la Ciudad de México?

 

Pues mira, yo no la conocía. O sea, yo me movía en la escena independiente, pero no conocía cómo funcionaba.

Pero ya he notado, en entrevistas previas que me han hecho, una constante que es hablar de un cambio generacional. Y de repente siento que puede ser chocoso, porque ya me han comentado: “¡Ay, sí! la ‘nueva generación’, ¿no?”. Puede ser chocoso.

Pero yo siento que más allá de decir “es mejor o peor”, o lo que sea, yo creo que sí, generacionalmente siempre va a haber un pensamiento social. O sea, es normal que tú y yo nos entendamos. Por ejemplo, ayer un amigo puso en Facebook “Si no tuviste la garra pirata de Leon-O, entonces no tuviste infancia”.

Y me quedé pensando: Qué curioso. Ese amigo es de mi generación y ese chiste va lanzado a una generación. Entonces me gusta que cuando yo era más chico, yo veía a una generación como inalcanzable. Yo veía a grupos como Los de Abajo y a Café Tacuba haciéndola. Yo me preguntaba ¿Cómo le hacen? ¿Cómo salen en tantos programas tan grandes? ¿Cómo tienen una infraestructura tan apoyada como en la música pop? Café Tacuba era como un grupo de Pop; salía en Exa, salía en todos lados. El Gran Silencio también salía en todos los canales populares. No sé si eran independientes, porque estaban todos con disquera; estaban con Universal, con Warner. O sea, no eran independientes, pero se manejaba como “la Escena Alternativa”.

Y después vino la escena –que me tocó a mí– Emo. Ellos decían que su género era el Indie y se vestían como Emo-punk; hasta había una revista que se llamaba Indie Rocks.

 

A raíz de eso se mal llamó Indie a esa música, porque realmente tenía que ver con la autogestión de los grupos, pero eventualmente se apoderaron del término Indie y ahora significa algo así como rocksito ¿No?

 

Es que se confundió. Podrías tener hasta tu disquera pero si preguntaban “¿Cómo toca? Ps cómo onda Indie”. El término se quedó como un género. Se desvirtuó hacia un género. Por ejemplo, decían que Mars Volta era Indie.

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¿Y en cuanto a los espacios? Por ejemplo, hace 15 años era muy difícil tocar en la ciudad, porque no había lugares dónde hacerlo; no había opciones. Y los mismo lugares abusaban de las bandas; las obligaban a vender boletos. Ahora vemos que hay mucha apertura. Que hay oportunidad de tocar e incluso recibir una lanita por ello.

 

Fíjate que sí, pero aún sigue siendo mañoso. Hay lugares que hacen una gran labor, pero hay otros que te hacen firmar contratos. Me tocó apenas tocar en uno –donde ya anteriormente había tenido problemas– que te dice “mira, si no llegan más de 60 personas, me tienes que pagar ocho mil pesos”. Aún hay lugares que recurren a esas tácticas. O lugares que tienen buenas intenciones como el Imperial, que nos ha abierto las puertas siempre. O como el Caradura, que nos ha tratado muy bien. Pero te hacen como tu novatada; te ponen días megamalos. Por ejemplo, tocar en martes a las 12 de la noche. Nadie va. Me acuerdo que la primera vez que toqué ahí, fueron como 70 personas y nos dijo el del Imperial “muy mal, chicos. Muy mal”. Y es como “¡Guey! Soy nuevo; es mi primera tocada; es martes a la media noche ¿Cómo quieres que me vaya? Ponme en viernes”. Pero ya después te das cuenta que es parte de pasar un proceso. Ya somos tantas bandas que no puedes darles a todas un lugar privilegiado.

Pero me pasa lo que tú dices. Sí siento que de alguna manera pareciera que es más accesible.

Yo me acuerdo que -neta- para mí si era como inalcanzable. Era algo fuera de mi entendimiento.

Apenas me toco hace cuatro años ir a tocar a TV Azteca, y fue un roce como para decir: “Sí es cierto. Esta es como la percepción que tenía de niño”. Pero, todo es falso: al público les dicen cuando aplaudir. Tocas, nadie entiende nada, pero se prenden los letreros de “aplauso” y todos lo hacen efusivamente.

Después de eso pensé: “Ah, claro. Éste es el medio en el que mis antepasados (musicales) funcionaban”. Y yo me sentí ajeno, porque dije “yo no necesito esto. A mí me vale gorro”. O sea, si me invitan, bien, pero tampoco le veo como una necesidad.

De niño parecía que hacerlo era un requisito indispensable, que para ser una banda necesitabas salir en la televisión.

 

Oye, ¿y no les quisieron imponer hacer playback?

 

No. (Ríe)

Me contaron apenas –alguien del Pata Negra– de dos grupos famosos, muy famosos “Indies”, que hicieron playback…¡En el Pata!

Que llegaron al soundcheck, para después sólo hacer playback.

Yo creo que esa es parte de la otra moda de ahora querer ser Indie. Como está vendiendo ser independiente, dicen “vamos a serlo”. ¿Cómo se hace uno Indie? Pues tocas en esos lugares, dices que vas y tocas para pocas personas. He visto a muchos poperos que ahora están haciendo eso. Como fingiendo un acercamiento con el público, pero es una ilusión.

 

Con T’orus, cuéntame ¿Cómo ha sido tu desarrollo?

 

Muy bien. T’orus ha sido para mí como mi maestría sobre cómo llevar bien un proyecto. A veces mal, también. Pero aprendes de los errores.

Me ha servido mucho tener a mi familia; a mi hermano y a mi tía. Ella es muy clavada en la parte empresarial y mi hermano es ingeniero industrial. Entonces como que siempre son pláticas acerca de empresas; vemos un negocio y platicamos sobre cómo podría mejorar sus posibilidades. Entonces como que eso, y también ver a otros grupos, me sirvió mucho para darme cuenta: no puedes ver a tu grupo como si no fuera una empresa. Yo creo que es como cualquier empresa; invertirle, perder el miedo y arriesgarle.

Entonces, con T’orus me acuerdo que hicimos el video, el disco, todo y siempre con miedo. Pero cuenco empezamos a inyectarle lana, fue cuando nos dimos cuenta que inyectas y recibes.

Aparte, por que es un buen producto, es un buen grupo, se le puede apostar.

Entonces, la primera vez que nos fue muy bien fue cuando nos fuimos a Guadalajara, cuando se hizo el showcase para festivales de todo el mundo. Costaba ocho mil pesos la inscripción, más hospedaje y traslados. Entonces nos gastamos como cuarenta mil pesos en llevar a toda la banda. Y pues sí estábamos asustados, los chavos sí tenían dudas sobre qué iría a pasar. Entonces yo les dije confíen en ustedes, en nosotros como banda. Y fuimos y nos fue increíble; cerramos el trato de La Riviera Maya y nos escucharon muchos festivales; nos dieron consejos increíbles. A veces, aunque no te acepte un festival, que la persona encargada de seleccionar los grupos del festival de París, te diga “no te voy a llevar por esto, por esto y por esto”, te representa ya una master class sobre qué es lo que necesitas como proyecto.

También nos metimos en la onda de hacer playeras; nuestra mercancía, discos. Y de puras ventas y conciertos adicionales recuperamos lo invertido y además salió lo de la Rivera Maya, que ahora va a ser ganancia. Entonces como que sí llevamos un pensamiento empresarial al respecto de cuándo saber invertir; cuándo hay que arriesgar; cuándo va haber cosas que se van a ir a fondo perdido, como la mercancía. No es que nos vayamos a hacer ricos de vender playeras, más bien es como una forma de que el nombre de la banda esté circulando.

Ese tipo de pensamiento más un proyecto exitoso, bueno, ha sido la clave.

Nos escuchó Intolerancia (Records) y nos dijo “yo no los puedo apoyar, porque son demasiado perfectos; suenan tan bien que la gente en México no le gusta lo bien. A la gente en México le gustan otro tipos de cosas”.

Y ahora, que nos ha ido tan bien, sí sentimos padre porque ya no importa si no le gustas a la gente. En esta época tú sigues adelante y punto.

 

¿Y ahorita hacia dónde va T’orus? ¿Se sienten ya consolidados? ¿Se sienten todavía con un camino por recorrer? ¿Hacia dónde les gustaría dirigirse?

 

Es muy chistoso por que la gente cuando llega con nosotros piensa que somos personas que ya saben lo que quieren; sin embargo, nosotros nos sentimos aún como estudiantes.

Platicábamos ayer sobre cómo aún tenemos dudas; sobre cómo queremos sonar. Sabemos como quiere sonar T’orus; ya sentimos cómo es T’orus y va venir un nuevo disco de T’orus. Pero platicábamos cómo hacerle para que aún nos sintamos cómodos. Que Aaron, Enrique, Benjamín y Eric se sientan aún en su propio ambiente. Que no sea un grupo en el que legan y se transforman en T’orus, sino que sea cada vez más orgánico. Estamos en esa búsqueda, porque sentimos que si logramos eso, va a ser un grupazo. Que cada uno va a resaltar aún más. Estamos buscando un sonido más refinado; queremos sonar aún mucho, mucho mejor.

Luego nos dicen “ya suenan muy cabrón”, pero nosotros aún tenemos dudas y queremos mejorar el sonido. Queremos en el próximo disco invertir más dinero. No porque lo tengamos, sino porque tienes que hacerlo.

 

¿En qué parte les gustaría invertir?

 

Mezcla y master. Que la mezcla sea muy chida. Afortunadamente T’orus es una banda que graba muy rápido. Entonces, si podemos ahorrarnos tiempo de estudio, pues, ¿por qué no invertirle en una buena mezcla? La mezcla que hicimos del disco pasado, fue una normal. Entonces nos preguntamos ¿Qué pasaría con una buena mezcla?

Nos cayeron muchos veintes.

Fíjate que para era mi primer disco. Entonces, uno cuando no hace discos, no sabe mucho. Pero ya que sale, te das cuenta que más allá de lo que sale, es algo que va a quedar para siempre. Vas a ser viejito y lo vas a volver a oír, entonces dijimos “¿sabes qué? Un disco no es como para escatimar”. Creo que es para tirar la casa por la ventana; que quede increíble y ya. Si pega o no pega que digas “pues lo intenté”.

Estamos como en esa mentalidad ahora. Queremos hacer un buen disco, mejorar el show y seguir por la misma línea.

Hemos platicado mucho eso: si nunca nos invitan a un Vive Latino, eso no nos aflige. Si nos invitan, chido. Y si no, hacemos nuestros propios festivales. Es la época propicia para mantenerse independiente.

 

Siguiendo con el disco, que es su segunda producción discográfica, ¿cómo van en cuanto a la composición de los temas?

 

Ya tenemos cinco temas. Está muy padre, porque es mas experimental –qué también ahí se mal entiende el término. Cuando alguien dice experimental, la gente se imagina puros ruidos– pero será experimental en el sentido que vamos a tratar de integrar más la voz; vamos a tratar de integrar más los ritmos. Hay una plática en T’orus que es muy constante, que es la identidad del DF en contra de la del mexicano en general.

Por ejemplo, Jalapa. Los jalapeños tienen una identidad muy cabrona; son soneros. Todos ahí, toquen lo que toquen, tocan son. Todos ahí tienen su manera muy propia de ser. En Chiapas, todos tienen también una personalidad súper característica, o si te vas al Norte del país cada estado tiene su propia identidad. Y me quedé pensando que si tienes un país que tiene un motón de identidades y tú vives en la capital, no me pidas que yo suene a algo de eso. O sea, yo no voy a sonar a son, porque yo no soy de Jalapa; ni voy a sonar a norteño, porque no vengo del Norte. Soy capitalino y en la capital sonamos a una mezcla. Porque siempre te dicen “es que los chilangos no suenan a nada”. Pues, guey, soy capitalino; soy una fusión de todo. Entonces, más bien, en lugar de verlo como algo negativo, verlo como algo positivo; decir: tengo la fortuna de hacer esto.

T’orus es un grupo de gente del DF, que está orgullosa de su mezcla de cultura; que está orgullosa de que estudiamos jazz; que está orgullosa de que nos llega la cultura gringa y nos encanta. Pero también nos encanta ir a nuestros estados y disfrutarlos.

Queremos quitar ese estereotipo de nacionalismo peleado con todo y prejuicioso y decir “acéptate”. Somos del DF y esto es lo que somos.

 

Equipo editorial RevistaTBN.

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Víctor Cintra, un militante del rock en la cumbia

Jorge Camarena

Víctor Cintra es guitarrista de La Agrupación Cariño y de Marc Monster & the Olives

Su historia como músico es como la de miles más en el país. Dejó atrás su lugar de origen –Tuxtla Gutiérrez– y llegó a la Ciudad de México con la convicción de dedicarse a una carrera, que descubrió, le dio el poder de conmover hasta las lágrimas.

Sin embargo, Víctor Cintra es un músico como pocos; nunca fue a perseguir el rockstardom. Claro que quería tener videos en MTV como los de Soundgarden o Pearl Jam en los noventas ¿Quién no? Pero no fue la fama lo que lo atraía, sólo el deseo de dedicarse a lo que más le gustaba hacer.

Tuvimos la oportunidad de hablar con Víctor en ésta, la primera de nuestra serie de entrevistas a los principales protagonistas de la escena independiente en la Ciudad de México, y nos platicó sobre los orígenes de ambas bandas, su lucha dentro de las escenas independiente y mainstream, y sobre los retos a los que se enfrentan las bandas chilangas.

 

¿Cómo empezaste en la música?

 

El 3 de enero de 1999 llego de Tuxtla Gutiérrez, después de hacer escala en Guadalajara, a la Ciudad de México. La música fue la razón de venir acá.

Yo tenía poco tiempo de estar tocando en Chiapas, de manera autodidacta, con algunos grupitos de covers, tocando en los antritos de moda. Pero tocar en Tuxtla era tocar covers.

Allá, si tienes un grupo de música original de naturaleza rockera, no hay pa’ donde.

Y pasa como en la mayoría de las partes de la República, donde no hay un quehacer musical si no es el hueso, el cover.

Siempre me ha movido la música; yo creo que todos te pueden decir lo mismo: “ay, siempre me gustó la música”, pero a mí, en lo particular, siempre fue como de las cosas que más me movía a algo. En cuanto a fibras sentimentales sentía que no había otra cosa que me moviera tanto.

De niño dormía con una de estas grabadoras planitas, de reportero, con tres o cuatro cintas que siempre escuchaba; me encantaba Vivaldi y la música barroca.

Esa señal, para mí fue clara. Me movía la música.

La guitarra la agarré por primera vez entre los 14 y los 15 años. Al principio, por ser un instrumento popular, que todos usaban, no me interesó. No fue hasta que tomé una guitarra vieja y arrumbada en casa de mi abuela, que comencé a hacer mis primeros pinitos en ésta.

Me daba mucho por hacer melodías “feelinudas” –con mucho feeling– y fue un día que llegué a presumir a mi hermana y una de sus amigas, quien por cierto estaba de muy buen ver –se parecía a Sailor Moon– y se conmovió tanto que se suelta a chillar, dije: “ajá, algo hay acá”.

Descubrí el poder mágico de la música.

 

¿Cómo fue que caíste al rock?

 

Sí me considero rockero; amante del rock en todos sus estilos.

Esta cabrón que no te guste el rock si tocas la guitarra. Puede que no, pero una vez que escuchas un instrumento tan poderoso en un estilo que es poderoso de por sí. Está cabrón que no te guste.

 

Un verdadero militante del Rock

Foto: Cortesía

¿Cuál fue la primera guitarra que te compraste?

 

La primera guitarra que me compré fue en Guadalajara, una línea barata de Washburn, que se llamaba Lion; era una tipo strato, sunburst. Me costó 600 mil pesos (viejos pesos). Le ahorré un rato para poder comprármela.

Esa fue mi primera lira, la conectaba al estéreo de la casa y, para poder distorsionarla, me esperaba a que todos se salieran de la casa, para poder subirle todo el volumen, y tocar algunas cosas de Nirvana o así.

 

¿Te hubieras imaginado en ese momento verte como estás ahora, un músico profesional?

 

Para empezar, no entendía bien qué era ser un músico profesional. Yo me la pasaba viendo el MTV todo el día y no sabía si eso era ser profesional pero, al ver las bandas que pasaban ahí, eso era lo que yo quería.

Mi modelo a seguir era: “pues sí, yo también quiero un video como Soungarden o como Pearl Jam o como Pantera.

“Me gustaría hacer eso. Me gustaría tener una banda que sonara súper chido, que pudiera hacer música súper chingona”.

 

¿Te sientes satisfecho hasta el momento con tus logros como músico?

 

Sí.

Es que no es tanto como lo planteabas hace un momento, así de “yo me vi así”, sino como que ir siguiendo a la música hacia dónde te lleva. Claro que tú vas tomando ciertas decisiones, pero en mi caso no son tantas; son como pocas pero importantes. Son como decir: a partir de ahora decidí que mi vida la iba dedicar a la música; en cuestión académica, en cuestión laboral. Donde me muevo va a ser ahí, la música.

Tal vez no lo decidí así de: un día me desperté y dije “así va a ser mi vida”, pero así ha venido siendo desde hace varios años en los que me dije “yo no voy a aceptar ningún trabajo que no tenga que ver con la música”. Es una decisión importante que lleva mi vida por un camino.

La otra es que voy siguiendo a dónde me va llevando la música. He tenido muchas bandas de distintas cosas, muy distintos proyectos, y digo “va”; o sea, yo le entro. Na’más digo: Sí, ¿qué hay que hacer? ¿Qué música hay qué tocar? ¿Qué música hay que escuchar? ¿Qué hay qué aprender?

Si son cosas muy fuera de mi línea; no sé, tipo un trío de bebop, pues no le entro, porque no es mi estilo. No me voy a sentir bien, la voy a regar.

O si me dicen, “vamos a tocar cumbias”, que supone un reto tal vez menos difícil que tocar bebop, y nunca lo había hecho, pues dije –con cierta renuencia– “pues va, ¿qué tengo que perder?”. Y curiosamente es el proyecto que más ha crecido y con mayor proyección, La Agrupación Cariño.

 

Ahorita que ya estás llegando a un punto de cierta consolidación profesional, ¿cómo considerarías hasta este momento la dificultad de tu trayecto?

 

Qué te puedo decir si son mil millones de tocadas, de aventura, de muy buenos sabores y otros no tanto. Cada tocada te trae algo nuevo que aprender y siento que eso es lo que te va formando; o sea, el estar tocando, el enfrentarte a ene cantidad de detallitos, de problemas de toda índole que van surgiendo. Por ejemplo, de índole personal con algún otro integrante de la banda o que se te rompe una cuerda en el solo de tu vida o que hay redada en el lugar en el que estás tocando. Puede haber cualquier cantidad de eventualidades y esas son las que te van dando la experiencia.

Yo tengo 15 años tocando, son 15 años de tocar con varios proyectos de diferentes estilos y gente muy variada. Son 15 años en los que ya pasaste por muchas experiencias, ya te sabes algo del medio, vaya. Pero yo me siento, si bien me va, como en un intermedio; como a la mitad de una carrera.

Me siento aún muy lejos de consolidarme y, menos en el ámbito musical, guitarrístico. Me siento en pañales. Siempre trato de aprender, de practicar, y sentir que estoy tocando un poquito mejor que antes.

Y en cuanto a carrera siento que apenas estoy teniendo una oportunidad de llamarse profesional, ahora sí.

 

Sí hay una diferencia, ¿no? De cuando empiezas con un proyecto más de garaje a cuando ya estás percibiendo un salario constante.

 

El hecho de percibir un sueldo por tocar sí te cambia el concepto de tocar. En mi caso particular, yo no empecé a tocar pensando en que quería ganar dinero; empecé por el sonido que podía lograr, por las reacciones. Así que no te pones a pensar en “voy a cobrar equis o zeta”; vas empezando, no te pones a imaginar cuánto vas a ganar. No va por ahí.

Cuando empiezas a cobrar te das cuenta de que hay cierto poder, que tienes el derecho de cobrar algo porque ya estás generando sensaciones. Por lo menos vas a un antro, te armaste unas rolas, ensayaste y haces que la gente se la pase bien. Eso implica que cobres. Eso ya es un trabajo.

Si sabes hacer algo, cobra por hacerlo.

foto: Érika Vit

foto: Érika Vit

Te encuentras en una posición muy peculiar, porque estás en un proyecto mainstream, en un proyecto que tiene un jale muy particular, que es La Agrupación Cariño, pero a su vez estás en otro proyecto que es muy profundo, independiente, y que también tiene su público, que es Marc Monster & the Olives (MM&O). Dentro de todo este tema de tu desarrollo profesional como músico, ¿cómo puedes moverte entre ambos mundos y cuál es tu perspectiva de la escena independiente?

 

En lo musical pasa algo curioso, porque sí se trata de estilos bien distintos: una es música, llamémosle, popular mexicana, aunque nos cataloguen por cumbia –por porque sí tocamos algunas cumbias–. Pero realmente se trata de estilos mexicanos populares venidos de los setentas hasta principios de los noventas. Esa es básicamente la estética musical de La Agurpación.

Y de lo otro (MM&O) es una banda que intenta tener un sonido folk; le coquetea por ahí. O sea, todos los estilos roots que parten del blues. En un principio, Marc Monster (vocalista de ambas bandas), fueron las rolas que trajo cuando tenía poquito de haber regresado de Estados Unidos. Fueron las rolas que ahí venía coleccionando, y ahí andaban rondando por esos estilos.

Entonces, Noé – el bataco– y yo, que fuimos de los primeros que estamos ahorita en la banda en conocerlo (a Marc Monster) empezamos a palomear sobre sus rolas y fueron a parar en esos estilos. Simplemente, como que reforzamos lo que ya traía originalmente.

Pero bueno, en concreto, un proyecto es estilos populares mexicanos y el otro estilos populares gringos.

Ahorita que compartimos el 90% de los músicos de las dos bandas es curioso, porque estilísticamente es distinto, pero estás tocando con casi las mismas personas. Entonces, la comunicación musical entre nosotros es la misma, entonces predomina un mismo sonido, que es el de los mismos músicos, aunque sean distintos estilos.

Ahora, en lo personal sí es un poquito distinto. Digamos, si el mismo día tocamos las dos bandas, sí hay un poquito de confusión. A mí lo que lo que me sirve, cuando estoy un poquito descontextualizado de alguna de las dos, es escuchar música de alguno de los dos estilos.

En la cuestión proyectos es curioso porque ambos nacieron casi a la par, incluso MM&O nació un poco antes y fue muy rápido: Llegó Monster con las rolas; entre el bataco y yo comenzamos a darle forma; le hablamos a un bajista con el ya habíamos chambeado anteriormente y a un tecladista, que es César Rojas, conocido como El Chícharo, que era cuate de Noé y mío. Y en seis meses logramos el primer disco, que fue mezclado y martirizado en uno de los mejores estudios de Nueva York.

Entonces tener un producto tan pro fue algo así como “¡Órale, sí se puede y lo estamos haciendo bien!”. Y lo presentamos y empezó a gustar. Y cada vez se volvió un poco más competo se integró Pablito en el sax; y luego Christian Uribe en la guitarra de acompañamiento; luego Alán, que es el amigo de toda la vida de Pablito; y la más reciente incorporación es Jaime Aldaraca en el sax barítono, flauta y la armónica.

Ahora, La Agrupa nació unos pocos meses después.

El Monster y Mario estaban baboseando en un party y dijeron “vamos a hacer una canción tipo José José. Ahora, una tipo Buki” Así, tal cual. Como una payasada. Y de repente le dieron más cuerda al chiste.

Pero fue muy chistoso porque en ese inicio, La Agrupa y MM&O ensayábamos en el mismo lugar, en casa del Monster, pero La Agrupa sonaba espantoso con los que tocaban en ese entonces. Eventualmente, de manera estratégica y casi a hurtadillas, los músicos de MM&O –que era el grupo que ya sonaba cabrón– nos fuimos incorporando a La Agrupa hasta lo que es hoy, ocho años después de su nacimiento.

 

El producto que es La Agrupación Cariño ya se vende prácticamente sólo; no es el caso con MM&O. Para ti, que tienes la posibilidad de navegar en ambas escenas, ¿cómo experimentas esa lucha?

 

La Agrupación ha comenzado a profesionalizarse en muchos sentidos y por ende a pedir mucho más, lo repercute en quitarle –en la misma proporción– a la otra banda (a MM&O). O sea, si tú tienes entrevistas, si tienes tocadas y muchas más responsabilidades con una banda que promete en más sentidos, pues obviamente la otra se va quedando rezagada. Cosa que no queremos. En ningún momento estamos diciendo “nos quedamos con La Agrupa y la otra que se vaya al carajo, porque no nos va a dar lo mismo”.

Sí queremos meterle y sí le vamos a dar el lugar que tenía en un principio; como una banda con mayor proyección a diferencia de una que empezó como un juego.

 

Específicamente con MM&O, que es una banda independiente, ¿crees que pudo haber arrancado con esa proyección que actualmente tuvo, pero años atrás? Es decir, ¿cómo consideras el momento para la escena independiente en la Ciudad de México?

 

Ahorita es el momento, sin duda.

Sin embargo te puedo decir que después de que llegué a la ciudad, vino un periodo (como por ahí del 2000 al 2007) en el que se murió el rock. Vino una época en la que tocar un instrumento era casi-casi mal visto; era la época de lo electro.

Llámalo moda, pero dejaron de llamar la atención las bandas y llamaron toda la atención los deejays (DJ). No fue culpa de ellos ni de la gente, simplemente así fue ese momento en la historia musical de nuestro país.

Yo en ese momento tenía una banda de rock experimental muy chido, con la que tuve oportunidad de grabar un disco. Entonces, nosotros bien emocionados con nuestro disquito experimental en un momento y en un lugar en el que el rock era mal visto; estábamos totalmente fuera de contexto y en comparación a ahorita, que tú preguntas. Ahorita si es un buen momento para tener una banda. Ahorita pasa algo; hay lugares donde tocar.

A mí me tocó la época en la que sólo existía Rockotitlán y algún otro changarrito –Rock-Stock ya no existía y el Alicia apenas empezaba–. Ahora, en ese entonces, Rockotitlán estaba en un bodegón para 500 personas; entonces si tocabas ahí sólo iban 20 o 30 personas, tus cuates, ya sabes, lo cual era deprimente.

Entonces era un momento de mucha resistencia. Era decir, “sí, tengo mi banda y estoy tocando y, aunque sea en los dos únicos lugares en los que llegan cinco personal, lo sigo haciendo”.

Yo la neta sigo creyendo que se vendrá otra época en la que no vuelva a haber espacios para las bandas independientes. Me parece que es una cuestión cíclica, la predilección de la gente.

 

Quizás no es un buen momento para el rock, en general, pero sí para las bandas independiente de todos los géneros: funk, jazz, dixieland.

 

Sí, de acuerdo. Hay lugares para tocar, hay medios, hay revistas, hay programas. Pero sobre todo hay gente que lo está consumiendo. Eso es el motor. Si hay eso entonces habrá más bandas. Sin embargo las que más se van a destacar son esas que tengan un discurso, que tengan algo que aportar.

Sí reafirmo que en hoy en México es un buen momento para tener una banda; mejor que muchos otros anteriormente. Pero es un buen momento porque ahorita hay reflectores.

Lo que quizás si hace falta es una buena banda de rock. Ojalá se aviente más gente por el género.

 

Tú que tuviste la oportunidad de tocar con La Agrupación Cariño en un festival tan grande como Glastonbury, y viste cómo hay espacio para los grandes –como Foo Fighters y Kanye West, que fueron de los artistas principales éste año– y las bandas independientes, ¿crees que en México se logre crear material para que lleguen a festivales como ese?

 

Más allá de lo que yo crea, es lo que está pasando. Nosotros no somos los primeros mexicanos en Glaston (Los de abajo, Troker y La Sonora Balkanera, son algunas de las bandas mexicanas que han pisado alguno de los escenarios del festival de música más grande del Reino Unido). A nosotros nos fue muy bien y las otras bandas que han ido han hecho un gran papel. También tuvimos la oportunidad de tocar en el South by Southwest (SXSW) en Austin y también nos fue bien.

Creo que si se está entendiendo por ese lado: las bandas en México tienen que salir del país a los festivales internacionales, aunque no tengan tanta jerarquía como los artistas titulares.

Tienen que hacer ese esfuerzo y pegarle a lo alto. No importa que tengan que poner una lana de su bolsillo, pero el chiste es que salgan. Tienen que salir y mostrar lo que se está haciendo en México.

Se tienen que “poner con Sansón a las patadas” en esos festivalotes y lograr que exista la primera ba

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Cantar en vivo

“Canté fuerte pero no se escuchaba”… “¡No sé qué pasó!”…”Sonaba bien en el ensayo”… “¡Saturó!”… “Se viciaba el micrófono”… “Se me acabó la voz”.

Frases comunes entre los que hemos sido víctimas del fantasma del audio en vivo. Pero aquí es donde nacen las preguntas: ¿Qué tanto conoces de los procesos  que se aplican en tu voz a través de un sistema de sonido? y ¿Qué haces para mejorar la calidad de tus presentaciones?

Aquí unos consejos:

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