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Groove Fest, un Festival más… que sí hace falta

En una ciudad plagada de festivales musicales alguien se cuestionó ¿por qué un festival más?, la respuesta fue simple “Porque es mejor que tener uno menos”.

Pero a pesar de la gran cantidad de festivales, géneros y foros, algunos ritmos musicales han quedado a segundo plano del mass media dejando alejados de los oídos multitudinarios a algunas bandas y propuestas que vale la pena arriesgarse a escuchar; sí, tenemos estos festivales de varios días con múltiples escenarios cuyo bemol es presentar diferentes versiones de la misma música popular que se expone en los medios en cada unos de esos tiempos y espacios con los que cuenta.

Con la mente clara de que en cuestión de festivales lo que hay que sumar son espacios y propuestas más no “un festival más con lo mismo”, nace el Groove Fest que en su primer edición toma el riesgo de presentarse en un foro inédito hasta el momento para este tipo de eventos, el Auditorio del Centro Médico ubicado en Avenida Cuauhtémoc 330 en la colonia de los Doctores donde se ungirá al nobel festival el próximo domingo 17 de diciembre desde el medio día.

El Groove Fest trae una selección de las mejores bandas emergentes en géneros como el Funk, Soul y Hip hop, esos renegados que se han escapado hasta de la radio pública pero que han elegido existir como reto a lo establecido y por pasión a lo que creen, ahora encuentran el espacio de difusión y si eres de esos arriesgados exploradores musicales, éste es tu safari.

Con 8 bandas que prometen ser platillos musicales de la más alta manufactura, el Groove Fest no sólo es música, con conocimiento de la falta de espacios para el desarrollo de la industria musical, el lobby del Auditorio será acondicionado con carpas que albergarán productoras, estudios y escuelas de música, además podremos disfrutar en el mismo espacio de grafitti en vivo, dj´s set y b´boys dancers.

Ximbo (Hip-Hop), Insoul  (Funk), T´orus  (Funk), Ecole Cuá (Soul-Funk), Los Padrinos (Funk), Billano (Hip Hop), Tania Guzmán (Neo Soul) y Soultik (Soul) son los encargados de dar el primer paso a un festival, que esperemos, mantenga el ritmo y nos traiga cada año mucho de lo que se nos niega escuchar en otros festivales. No olvides asistir y difundir que el Groove Fest ya esta aquí.

 

 

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T’Orus y Myron Glasper estrenan video: Dangerous

T’Orus estrenó hoy el video de “Dangerous”, su segundo tema grabado con el cantante estadounidense Myron Glasper

Vladimir Zaldívar

La batería de Enrique Nativitas abre la canción que cuenta la historia de un hombre seducido por los atributos de una mujer, a la cual ve como peligrosa. La guitarra de Aarón Flores, el órgano de Christian Balderas y el bajo de Benjamín García componen el ritmo funkero que pone a mover pies y cabeza, al tiempo que Glasper pasa por varios estilos con su voz. De repente entra el MC de Eric “El Niño” citando a Diablo Guardián de Xavier Velasco, y, como no leí la novela y por lo tanto no sé quién es Violeta, padecí de un funkus interruptus que se vio compensado por el jam que se echa el resto del grupo en la misma parte de la canción, con Balderas moviéndole a su delay Line 6 mientras toca uno de sus sintetizadores y García marcando el beat con un bajo profundo, sereno y suelto.

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El primer tema de la colaboración T’Orus-Myron Glasper fue “Mercedes”, el cual explota el lado soul del proyecto y narra la historia de una rapera que encuentra en el hip hop la manera de mejorar su barrio y su vida. En ambos tracks, la postproducción corrió a cargo de Marc Urselli, ingeniero de sonido y productor radicado en Nueva York, ganador de tres Grammy, uno en el 2005 por su trabajo en el Una Sangre de Lila Downs (2004); y otros dos, en el 2006, por el Les Paul & Friends: American Made World Played (2005), tributo al inventor de la famosa guitarra Les Paul.

T’Orus se estará presentando en la Ciudad de México durante mayo, el 12, en el Hotel W, el 13, en la UAM Xochimilco, el 26, en el Teatro Ángela Peralta con Myron Glasper, y el 18 de junio en la Fiesta de la Música, y cerrará el tour en el Festival Internacional de Jazz de Córdoba, Veracruz con la alineación original de T´orus.

Equipo editorial RevistaTBN.

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Christian Balderas, orgulloso de ser chilango y músico independiente

Jorge Camarena

Christian es Tecladista de T’orus, Jvne, Marcol, Micca, Renee y Vanesa Zamora, entre otros.

Uno de los músicos con mayor presencia en la escena independiente de la Ciudad de México nos platicó sobre la exitosa autogestión detrás de T’orus, su nuevo material discográfico y la verdadera grandeza que reside dentro de una escena antes menospreciada y ahora explotada.

Christian –sonriente, positivo, progresista e imparable– les recuerda en esta entrevista a todos los músicos independientes chilangos: acéptate y enorgullécete de quien eres.

 

¿Con cuantos proyectos estás tocando?

 

No sé. Muchos.

Formalmente, con cuatro. O cinco. Pero de repente hay un punto en el que también tanta gente depende de ti. Por ejemplo, hay grupos donde soy suplente; no soy el principal, pero si éste no puede, yo voy. Pero esos grupos también me ven y me consideran como principal. Siempre que voy a los ensayos me tratan súper bien, siempre me presentan, me ponen en las fotos. Me hacen sentir parte del proyecto.

 

Formalmente podríamos decir que T’orus es tu banda principal, pero de ahí, ¿qué otros proyectos fuertes tienes?

 

Pues está Jvne, está Marcol, Micca. Ahora también estoy tocando con Fermín Fortiz y Tania Guzmán. De repente me hablan para tocar con tríos; estoy con Renee y también toco bastante con Vanesa Zamora.

 

Tú, que estás tan metido con todas estas bandas, creo que tienes un magnífico referente sobre cómo está la escena independiente en la Ciudad de México ¿Qué me puedes decir al respecto?

 

Pues hay bastantes temas al respecto.

De lo primero quisiera hablar, de la parte que más me gusta resaltar, es que una escena sumamente variada. Yo, he tocado con grupos que son desde lo más popero hasta lo más jazzero –que es T’orus–. Podrían verse como diferentes escenas, pero todas pertenecen a una misma: a la escena underground o independiente, de públicos pequeños.

Lo que puedo decir que me gusta, es que existe unión.

Por ejemplo, me gusta mucho David Aguilar. Y ayer estaba viendo una foto donde fue Vanesa Zamora a casa de David con Loli Molina y Hernán Hecht. Y de repente, yo voy con Vanesa a una fiesta y ahí están los músicos de Kalimba. Y de repente, vamos a otra fiesta y ahí están otros amigos.

Sí hay como una especie de unión. Sí, todos somos amigos.

Por ejemplo, ahora que toqué con Renee y empecé a conocer a nuevas personas, en la tocada ella dijo “ya tenemos un nuevo miembro de la familia”. Y ya estaba cotorreando con Descartes y más bandas.

Yo he sentido que sí es un ambiente como amistoso; como que se está apoyando ¿Por qué? Por que es un ambiente que necesita apoyarse.

Siento que la escena independiente necesita el apoyo de los propios músicos. Necesita que los músicos se la crean. Si nosotros vemos que es un público pequeño el que se genera. Por ejemplo, seamos realistas, si vas a un festival; de esos que se están haciendo en los horarios de las 12 del día, el público no llega a 50 personas. Y si tocan en el Imperial y bien les va, porque es un martes o es un miércoles los que te dan en esos lugares, que son horarios inaccesibles, pues también va a estar bajón el público.

Y cuando tienes eventos súper, súper llenos –con T’orus hemos tenido en el Imperial 280 personas, ahora con el Antifestival, que es un festival con bandas totalmente independientes y no conocidas, tuvimos 400 personas; se llenó el Lunario– es por que tienen (las bandas) ese apoyo y porque se asumen como independientes.

Pero ya es algo así como por antonomasia. Ya no es que digan: “¡Ay! Somos independientes. Compra nuestro disco en Mixup” o que salgan en la radio o que estén preocupados por salir en la radio. Simplemente son grupos que, como ya se asumen independientes, que ya saben que así es la onda, tú los ves cómo están muy activos en redes sociales –en Facebook, en Twitter–. sus fans les ponen cosas y ellos les contestan directamente. Van a los conciertos.

Me gusta porque es una escena donde ya no se ve al músico como el inalcanzable. Es una escena que le pide al músico ser más cercano a su público o si no, no la va a hacer. Esos grupos que yo he visto que están en contacto con su público, son los grupos a los que veo les va bien. Y es natural, su público los quiere.

 

¿Cuando empezaste a tocar? ¿Cuándo empezaste con tu primera banda?

 

Fue por el 2000, en la secundaria.

 

Y del 2000 para acá, ¿cómo has visto que se ha movido la escena independiente en la Ciudad de México?

 

Pues mira, yo no la conocía. O sea, yo me movía en la escena independiente, pero no conocía cómo funcionaba.

Pero ya he notado, en entrevistas previas que me han hecho, una constante que es hablar de un cambio generacional. Y de repente siento que puede ser chocoso, porque ya me han comentado: “¡Ay, sí! la ‘nueva generación’, ¿no?”. Puede ser chocoso.

Pero yo siento que más allá de decir “es mejor o peor”, o lo que sea, yo creo que sí, generacionalmente siempre va a haber un pensamiento social. O sea, es normal que tú y yo nos entendamos. Por ejemplo, ayer un amigo puso en Facebook “Si no tuviste la garra pirata de Leon-O, entonces no tuviste infancia”.

Y me quedé pensando: Qué curioso. Ese amigo es de mi generación y ese chiste va lanzado a una generación. Entonces me gusta que cuando yo era más chico, yo veía a una generación como inalcanzable. Yo veía a grupos como Los de Abajo y a Café Tacuba haciéndola. Yo me preguntaba ¿Cómo le hacen? ¿Cómo salen en tantos programas tan grandes? ¿Cómo tienen una infraestructura tan apoyada como en la música pop? Café Tacuba era como un grupo de Pop; salía en Exa, salía en todos lados. El Gran Silencio también salía en todos los canales populares. No sé si eran independientes, porque estaban todos con disquera; estaban con Universal, con Warner. O sea, no eran independientes, pero se manejaba como “la Escena Alternativa”.

Y después vino la escena –que me tocó a mí– Emo. Ellos decían que su género era el Indie y se vestían como Emo-punk; hasta había una revista que se llamaba Indie Rocks.

 

A raíz de eso se mal llamó Indie a esa música, porque realmente tenía que ver con la autogestión de los grupos, pero eventualmente se apoderaron del término Indie y ahora significa algo así como rocksito ¿No?

 

Es que se confundió. Podrías tener hasta tu disquera pero si preguntaban “¿Cómo toca? Ps cómo onda Indie”. El término se quedó como un género. Se desvirtuó hacia un género. Por ejemplo, decían que Mars Volta era Indie.

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¿Y en cuanto a los espacios? Por ejemplo, hace 15 años era muy difícil tocar en la ciudad, porque no había lugares dónde hacerlo; no había opciones. Y los mismo lugares abusaban de las bandas; las obligaban a vender boletos. Ahora vemos que hay mucha apertura. Que hay oportunidad de tocar e incluso recibir una lanita por ello.

 

Fíjate que sí, pero aún sigue siendo mañoso. Hay lugares que hacen una gran labor, pero hay otros que te hacen firmar contratos. Me tocó apenas tocar en uno –donde ya anteriormente había tenido problemas– que te dice “mira, si no llegan más de 60 personas, me tienes que pagar ocho mil pesos”. Aún hay lugares que recurren a esas tácticas. O lugares que tienen buenas intenciones como el Imperial, que nos ha abierto las puertas siempre. O como el Caradura, que nos ha tratado muy bien. Pero te hacen como tu novatada; te ponen días megamalos. Por ejemplo, tocar en martes a las 12 de la noche. Nadie va. Me acuerdo que la primera vez que toqué ahí, fueron como 70 personas y nos dijo el del Imperial “muy mal, chicos. Muy mal”. Y es como “¡Guey! Soy nuevo; es mi primera tocada; es martes a la media noche ¿Cómo quieres que me vaya? Ponme en viernes”. Pero ya después te das cuenta que es parte de pasar un proceso. Ya somos tantas bandas que no puedes darles a todas un lugar privilegiado.

Pero me pasa lo que tú dices. Sí siento que de alguna manera pareciera que es más accesible.

Yo me acuerdo que -neta- para mí si era como inalcanzable. Era algo fuera de mi entendimiento.

Apenas me toco hace cuatro años ir a tocar a TV Azteca, y fue un roce como para decir: “Sí es cierto. Esta es como la percepción que tenía de niño”. Pero, todo es falso: al público les dicen cuando aplaudir. Tocas, nadie entiende nada, pero se prenden los letreros de “aplauso” y todos lo hacen efusivamente.

Después de eso pensé: “Ah, claro. Éste es el medio en el que mis antepasados (musicales) funcionaban”. Y yo me sentí ajeno, porque dije “yo no necesito esto. A mí me vale gorro”. O sea, si me invitan, bien, pero tampoco le veo como una necesidad.

De niño parecía que hacerlo era un requisito indispensable, que para ser una banda necesitabas salir en la televisión.

 

Oye, ¿y no les quisieron imponer hacer playback?

 

No. (Ríe)

Me contaron apenas –alguien del Pata Negra– de dos grupos famosos, muy famosos “Indies”, que hicieron playback…¡En el Pata!

Que llegaron al soundcheck, para después sólo hacer playback.

Yo creo que esa es parte de la otra moda de ahora querer ser Indie. Como está vendiendo ser independiente, dicen “vamos a serlo”. ¿Cómo se hace uno Indie? Pues tocas en esos lugares, dices que vas y tocas para pocas personas. He visto a muchos poperos que ahora están haciendo eso. Como fingiendo un acercamiento con el público, pero es una ilusión.

 

Con T’orus, cuéntame ¿Cómo ha sido tu desarrollo?

 

Muy bien. T’orus ha sido para mí como mi maestría sobre cómo llevar bien un proyecto. A veces mal, también. Pero aprendes de los errores.

Me ha servido mucho tener a mi familia; a mi hermano y a mi tía. Ella es muy clavada en la parte empresarial y mi hermano es ingeniero industrial. Entonces como que siempre son pláticas acerca de empresas; vemos un negocio y platicamos sobre cómo podría mejorar sus posibilidades. Entonces como que eso, y también ver a otros grupos, me sirvió mucho para darme cuenta: no puedes ver a tu grupo como si no fuera una empresa. Yo creo que es como cualquier empresa; invertirle, perder el miedo y arriesgarle.

Entonces, con T’orus me acuerdo que hicimos el video, el disco, todo y siempre con miedo. Pero cuenco empezamos a inyectarle lana, fue cuando nos dimos cuenta que inyectas y recibes.

Aparte, por que es un buen producto, es un buen grupo, se le puede apostar.

Entonces, la primera vez que nos fue muy bien fue cuando nos fuimos a Guadalajara, cuando se hizo el showcase para festivales de todo el mundo. Costaba ocho mil pesos la inscripción, más hospedaje y traslados. Entonces nos gastamos como cuarenta mil pesos en llevar a toda la banda. Y pues sí estábamos asustados, los chavos sí tenían dudas sobre qué iría a pasar. Entonces yo les dije confíen en ustedes, en nosotros como banda. Y fuimos y nos fue increíble; cerramos el trato de La Riviera Maya y nos escucharon muchos festivales; nos dieron consejos increíbles. A veces, aunque no te acepte un festival, que la persona encargada de seleccionar los grupos del festival de París, te diga “no te voy a llevar por esto, por esto y por esto”, te representa ya una master class sobre qué es lo que necesitas como proyecto.

También nos metimos en la onda de hacer playeras; nuestra mercancía, discos. Y de puras ventas y conciertos adicionales recuperamos lo invertido y además salió lo de la Rivera Maya, que ahora va a ser ganancia. Entonces como que sí llevamos un pensamiento empresarial al respecto de cuándo saber invertir; cuándo hay que arriesgar; cuándo va haber cosas que se van a ir a fondo perdido, como la mercancía. No es que nos vayamos a hacer ricos de vender playeras, más bien es como una forma de que el nombre de la banda esté circulando.

Ese tipo de pensamiento más un proyecto exitoso, bueno, ha sido la clave.

Nos escuchó Intolerancia (Records) y nos dijo “yo no los puedo apoyar, porque son demasiado perfectos; suenan tan bien que la gente en México no le gusta lo bien. A la gente en México le gustan otro tipos de cosas”.

Y ahora, que nos ha ido tan bien, sí sentimos padre porque ya no importa si no le gustas a la gente. En esta época tú sigues adelante y punto.

 

¿Y ahorita hacia dónde va T’orus? ¿Se sienten ya consolidados? ¿Se sienten todavía con un camino por recorrer? ¿Hacia dónde les gustaría dirigirse?

 

Es muy chistoso por que la gente cuando llega con nosotros piensa que somos personas que ya saben lo que quieren; sin embargo, nosotros nos sentimos aún como estudiantes.

Platicábamos ayer sobre cómo aún tenemos dudas; sobre cómo queremos sonar. Sabemos como quiere sonar T’orus; ya sentimos cómo es T’orus y va venir un nuevo disco de T’orus. Pero platicábamos cómo hacerle para que aún nos sintamos cómodos. Que Aaron, Enrique, Benjamín y Eric se sientan aún en su propio ambiente. Que no sea un grupo en el que legan y se transforman en T’orus, sino que sea cada vez más orgánico. Estamos en esa búsqueda, porque sentimos que si logramos eso, va a ser un grupazo. Que cada uno va a resaltar aún más. Estamos buscando un sonido más refinado; queremos sonar aún mucho, mucho mejor.

Luego nos dicen “ya suenan muy cabrón”, pero nosotros aún tenemos dudas y queremos mejorar el sonido. Queremos en el próximo disco invertir más dinero. No porque lo tengamos, sino porque tienes que hacerlo.

 

¿En qué parte les gustaría invertir?

 

Mezcla y master. Que la mezcla sea muy chida. Afortunadamente T’orus es una banda que graba muy rápido. Entonces, si podemos ahorrarnos tiempo de estudio, pues, ¿por qué no invertirle en una buena mezcla? La mezcla que hicimos del disco pasado, fue una normal. Entonces nos preguntamos ¿Qué pasaría con una buena mezcla?

Nos cayeron muchos veintes.

Fíjate que para era mi primer disco. Entonces, uno cuando no hace discos, no sabe mucho. Pero ya que sale, te das cuenta que más allá de lo que sale, es algo que va a quedar para siempre. Vas a ser viejito y lo vas a volver a oír, entonces dijimos “¿sabes qué? Un disco no es como para escatimar”. Creo que es para tirar la casa por la ventana; que quede increíble y ya. Si pega o no pega que digas “pues lo intenté”.

Estamos como en esa mentalidad ahora. Queremos hacer un buen disco, mejorar el show y seguir por la misma línea.

Hemos platicado mucho eso: si nunca nos invitan a un Vive Latino, eso no nos aflige. Si nos invitan, chido. Y si no, hacemos nuestros propios festivales. Es la época propicia para mantenerse independiente.

 

Siguiendo con el disco, que es su segunda producción discográfica, ¿cómo van en cuanto a la composición de los temas?

 

Ya tenemos cinco temas. Está muy padre, porque es mas experimental –qué también ahí se mal entiende el término. Cuando alguien dice experimental, la gente se imagina puros ruidos– pero será experimental en el sentido que vamos a tratar de integrar más la voz; vamos a tratar de integrar más los ritmos. Hay una plática en T’orus que es muy constante, que es la identidad del DF en contra de la del mexicano en general.

Por ejemplo, Jalapa. Los jalapeños tienen una identidad muy cabrona; son soneros. Todos ahí, toquen lo que toquen, tocan son. Todos ahí tienen su manera muy propia de ser. En Chiapas, todos tienen también una personalidad súper característica, o si te vas al Norte del país cada estado tiene su propia identidad. Y me quedé pensando que si tienes un país que tiene un motón de identidades y tú vives en la capital, no me pidas que yo suene a algo de eso. O sea, yo no voy a sonar a son, porque yo no soy de Jalapa; ni voy a sonar a norteño, porque no vengo del Norte. Soy capitalino y en la capital sonamos a una mezcla. Porque siempre te dicen “es que los chilangos no suenan a nada”. Pues, guey, soy capitalino; soy una fusión de todo. Entonces, más bien, en lugar de verlo como algo negativo, verlo como algo positivo; decir: tengo la fortuna de hacer esto.

T’orus es un grupo de gente del DF, que está orgullosa de su mezcla de cultura; que está orgullosa de que estudiamos jazz; que está orgullosa de que nos llega la cultura gringa y nos encanta. Pero también nos encanta ir a nuestros estados y disfrutarlos.

Queremos quitar ese estereotipo de nacionalismo peleado con todo y prejuicioso y decir “acéptate”. Somos del DF y esto es lo que somos.

 

Equipo editorial RevistaTBN.

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